Wednesday, February 23, 2022

EL TEATRO EN PIURA

EL TEATRO EN PIURA

Por Armando Arteaga

 


No tengo la menor duda que “lo ritual” que mueve toda esa cultura de “lo chamanico”,   que aún conmueve en Piura, viene del aspecto teatral de los pueblos tallanes y andinos de nuestra región, son efímeros los testimonios de los cronistas sobre sus templos al sol, los sacerdotes vestían de blanco, marchaban en estruendas procesiones de “muchos atabales y bocinas de caracoles grandes…trompetas de mala gracia” decía -en sus crónicas- Joan Cabezas.

Los tallanes, tuvieron gran veneración a los muertos, respeto a las sepulturas y sus cementerios, donde “lo teatral” daba rienda suelta al espectáculo de la creencia  religiosa de que la vida continuaba en otro mundo, los muertos se llevaban las cosas más preciadas y ricas del mundo terrenal. Los sacerdotes encargados de las ceremonias fúnebres, que eran “puestas en escena” para impactar sobre las conciencias de los vivos,  espacian chicha sobre las sepulturas, estaban motivados en el convencimiento: “muere el cuerpo, que no muere el ánima”.

Hay mucho que hurgar del “teatro cortesano” en la Colonia en el libro de Lohmann Villena “El arte dramático en Lima durante el Virreynato”.  En tiempos de Colonia, las “ideas” del teatro en Perú, de manera convencional empezaron a desarrollarse desde su incontenible ingreso por Paita, con personajes estrambóticos y románticos. Credulidad: habent su afata libelli.

Todo entraba, de viaje,  por el bendito puerto de Paita, que era la codicia de los piratas, el suceso arrebatado de las historias más fantásticas: la Monja Alférez, una mujer que se vestía de hombre, no dejaba de ser una alucinada y estrambótica historia; La Perricholi, deslumbró la imaginación colonial y limeña,  con esta historia de amor real entre una plebeya y el virrey;  Flora Tristán, traspaso océanos y sueños para poder hacer su guion de “peregrinaciones de una paria”;  y más tarde, ya en la Independencia y al empezar la Republica:  las hazañas y penurias de Manuela Sáez, la amada inmóvil de Bolívar;   son “mitos” que alimentaron la imaginación popular.  Tiempos inciertos,  de Calixto y Melibea, tan celestinos, como los shakesperianos,  de Romeo y Julieta, que despertaron intrigas.  Sabiendo que,  también,  “en Piura,  se agunta el hambre, pero nunca el chisme”.

Manuel Moncloa y Covarrubias, es un destacado hombre de teatro,  olvidado historiador, que ha escritos los mejores momentos el teatro peruano.  Nos describe a Salaverry como el más fecundo autor de teatro nacional, que escribió más de veinte obras dramáticas, vio la representación del drama  “Atahualpa” donde se incorpora el aporte musical del arpa y el violín. Entre los estrenos con grandes aplausos nombra: “Arturo”, “Abel o el pescador americano”, “Los ladrones de alto rango”, “El bello ideal”, “Amor y oro”, “El pueblo y el tirano”, ”Sueños del corazón”, “La espada de San Martin”, “El hombre del siglo XX”, “Un desconocido”, “El virrey y su favorita”, “Gigantes y pigmeas”, “La escuela de mujeres”, “El bombardeo de Pisagua”, etc. Refiere una anécdota de Salaverry: “Cuéntase que la noche de estreno de unos de sus dramas, Salaverry que era nervioso y vehemente, al ver que en una escena capital fallaba el tiro que debía hacer uno de sus personajes, disparó su revolver desde la reja en que presenciaba la función. El público quedó atónito breves momentos, pero el efecto dramático no se perdió”.

 

Manuel Asencio Segura, vivió varios años en Paita donde fue funcionario público, hizo periodismo y escribió su famoso texto “La pelimuertada”, se sabe muy poco acerca de si tuvo tiempo para el teatro en esa estancia de su vida. La “teatral” visita de Valdelomar a Piura volvió a redondear la cultura como espectáculo en una ciudad que vivía del furor de dos barrios: la gallinacera y la mangacheria. Piura fue una ciudad huraña para el teatro, estremecida solo en los años 50 del siglo pasado con el estreno de la obra teatral “La huida del Inca” en el teatro Variedades, cuando Mario Vargas Llosa era todavía un escolar,  y más tarde, la otra obra teatral con estreno mundial,  “La Chunga”,  que nuestro Nobel,  consagro enteramente con tema piurano.

 

Hubieron varios teatros construidos en Paita y en Piura.  En Paita, el teatro tenía 18 palcos, 150 lunetas y 300 asientos de cazuela, se alumbraba con gasolina, y su propietario era don Gil Antonio Guerra. En Piura, el teatro más antiguo que se recuerda, estrenado por la compañía de zarzuela Dalmau, en 1890,  estaba situado en la calle Cuzco,  tenía 22 palcos altos, 8 bajos, 250 asientos de platea y 300 de cazuelas.  Se alumbraba con lámparas de petróleo y tenía un toldo en el techo. El de la calle Arequipa Se llamaba teatro Grau, su propietario era don Agustín Ordinola.  Hasta 1889, las compañías de actores  que visitaban la ciudad de Piura trabajaban en un corral de la calle Arequipa, llamado teatro de La Unión, cerca del cual se construyó otro teatro a iniciativa del coronel Muñiz, bajo los auspicios del Centro Piurano, al que llamaron Teatro Salaverry, en memoria del dramaturgo piurano.  Hoy,  solo tenemos dos teatros, en una inmensa ciudad,  que agonizan,  y que se hace urgente su reconstrucción por lo deteriorados que están:   el Teatro Manuel Vegas Castillo y el Teatro Municipal.

 

 


 

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